Di la vuelta a la esquina pensando encontrar algún resquicio donde ahogarme un rato para matar la amarga rutina ( quizás la mate con un trago amargo, ironía ). Entre al bar lúgubre y pedí lo habitual. Cerveza fuerte alemana, algo q me lleve al lugar donde quiero creer nació mi nombre. Mientras merodeaba un joven con capucha verde se sentó a mi lado. Igual estatura, pero de complexion apenas mas pequeño. No dejaba ver su rostro lo cual me sorprendió por que su actitud no era la de un joven de las sombras, de vez en cuando aparecía una tibia sonrisa entre luz y luz. Saco un cuaderno chico ( me resulto al instante, debo admitirlo, familiar ) y comienzo a escribir. Luego se detenía, se inclinaba algo hacia arriba, garabateaba los margenes y luego seguía.
Era de esos días en los q sospechaba q nada me iba a hacer virar, en los q nada me iba a hacer cambiar de opinión sobre los hechos que venían aconteciendo en mi vida. Uno tras otro los vuelcos me hacían confundir las ideas y el puesto que ocupo en el mundo. A penas terminé el trago, gire una vez mas para ver al muchacho... en ese entonces todo fue claridad para mi, entendi que ahí estaba yo escribiendo en mi viejo cuaderno...
Le pregunte que era lo que escribia y que suceso lo habia llevado hasta ese bar y me respondio risueño: " en verdad no lo se, pero esta mañana me encontré con un tal Borges, un compañero de vista, que me dijo q había visto a alguien que parecía su abuelo esta tarde en un banco de la plaza. Ahi senti el impulso de venir a este bar a escribir, el tiempo parecia alargarse y la calle se habia cubierto de una niebla espesa que me recordaba a las peliculas donde aparece en su intacta magnificencia... Londres... el frio tambien fue una buena excusa". Atónito recordé el cuento, recordé a Borges y me recordé leyéndolo cuando mas joven.
Charlamos un rato. Sus convicciones eran fuertes e inocentes, pero no por eso menos creíble y sensatas. Una sabiduría verborragica y joven encontraba en palabras simples el cauce de una vida apasionada e idealista.
Me dijo sin mas que se reunía con unos amigos y debía irse, que había sido un gusto. Cuando pregunto mi nombre le mentí, dije cualquiera que se me ocurrió, no quería q se sintiera defraudado con la imagen de su futuro. No... justo antes de que este presente habia empezado a cambiar.
Era de esos días en los q sospechaba q nada me iba a hacer virar, en los q nada me iba a hacer cambiar de opinión sobre los hechos que venían aconteciendo en mi vida. Uno tras otro los vuelcos me hacían confundir las ideas y el puesto que ocupo en el mundo. A penas terminé el trago, gire una vez mas para ver al muchacho... en ese entonces todo fue claridad para mi, entendi que ahí estaba yo escribiendo en mi viejo cuaderno...
Le pregunte que era lo que escribia y que suceso lo habia llevado hasta ese bar y me respondio risueño: " en verdad no lo se, pero esta mañana me encontré con un tal Borges, un compañero de vista, que me dijo q había visto a alguien que parecía su abuelo esta tarde en un banco de la plaza. Ahi senti el impulso de venir a este bar a escribir, el tiempo parecia alargarse y la calle se habia cubierto de una niebla espesa que me recordaba a las peliculas donde aparece en su intacta magnificencia... Londres... el frio tambien fue una buena excusa". Atónito recordé el cuento, recordé a Borges y me recordé leyéndolo cuando mas joven.
Charlamos un rato. Sus convicciones eran fuertes e inocentes, pero no por eso menos creíble y sensatas. Una sabiduría verborragica y joven encontraba en palabras simples el cauce de una vida apasionada e idealista.
Me dijo sin mas que se reunía con unos amigos y debía irse, que había sido un gusto. Cuando pregunto mi nombre le mentí, dije cualquiera que se me ocurrió, no quería q se sintiera defraudado con la imagen de su futuro. No... justo antes de que este presente habia empezado a cambiar.
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