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lunes, 11 de noviembre de 2013

Cajones

Mis cajones se mueven. Constantemente. Me prohibieron que los marcara, que les de nombre. Me dijeron que eran hermanos y que todos vivirían las mismas posibilidades. Que aun sin elegir yo iba a estar eligiendo una y otra vez su destino. Entonces uno pensó que era el de la ropa interior pero a fin de mes fue el de los pantalones y remeras para hacer alguna actividad física. El de arriba se sentía bien cuando lucía mis mejores remeras y el segundo pensó que siempre iba a ser el que no tenia sentido... el que tenia cosas mezcladas, ropas de trabajo viejas y una que otra vez manchadas.
Pero una bolsa de lavandería se fue y volvió y abría los cajones intentando acomodar. Alguna vez reincidí y recordé el orden en el que los había puesto por primera vez, pero otra bolsa de lavandería vino al tiempo y en el apuro cotidiano los volví a desordenar. Mezcle ropas. Me confundía todos los sábados y no encontraba lo que buscaba.
Mis cajones se reían ( salvo al que le tocara la ropa manchada... ese nunca estaba muy conforme ). Se reían de mi y pensaban que en ese juego la pasaba bien. Pero no. Aunque ellos tuvieran razón, no la pasaba bien... supongo que por que no entendía el juego.

Recién volví y entendí que mis cajones se movían. Que era un juego. Que no dejaban que me aburra, que me querían mantener en movimiento, por que una mente en movimiento siempre es una mente mas ordenada. Entonces otra vez ( pensaron ) como cuando escribí sobre el caos, me di cuenta que el movimiento es el orden del caos. El estatismo es la muerte del caos y del orden. Es la muerte de la vida. Es la muerte.

Por eso los cajones me dijeron que ellos también querían bailar. Así que cuando llego la lavandería los ordene jugando, y me reía, y se reían... por que sabían que al fin, había entendido el juego.

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