Bridge

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miércoles, 22 de mayo de 2013

Noche que dejo un sueño

Antes que nada cayeron las distancias. Las miradas se encontraron una y otra vez derritiendo esa barrera invisible que pone el mundo para hacernos sentir débiles. Luego cayó el silencio. Ahí te encontré en alguna calle de Roma y vos me encontraste cantando bajo un puente un día de lluvia. Encontramos las risas y quizás por que no, algunas pequeñas lágrimas. Luego le toco el turno al frió. Me rozaste y ahí lo supe, que tenia que abrazarte, acariciarte y después el beso que dejo caer los parpados y las sombras en el bar ese que se iba recién llenando de expectativa y de tensión.
Cayeron las carencias. Se sentía en el ambiente como todo lo que en ese instante estaba, alcanzaba para el momento eterno que se avecinaba Cayeron los ojos, por que ya eramos invisibles y queríamos serlo. Quería ser todo sensación y tocar y rozar... respirar. Cayeron las ropas como armas que pretenden esconder lo que en verdad somos. Cayeron delante nuestro las palabras y ahí fue todo lo sincero del silencio, dejándose entrever por la respiración que dibujaba una canción entre las huestes de una noche en ascensión.
Cuando caímos en la cama lo supe. Estábamos cayendo. Por que en esos instante todo es gravedad. Todo es tan pesado que no podemos levantar ni una mínima sospecha de que algo anda mal. El aire se volvía tan maleable. Acompañándonos y casi amacándonos, embarcándonos en un viaje que podríamos haber dejado caer pero que no quisimos. Por valientes. Por que ella también había llorado de dolor, y eso estaba ahí, libre, jugando entre nosotros y lo usamos, por que habíamos aprendido a usarlo para crecer y renacer.
Cuando ya nos ganaban las ansias. Ahí cayeron las mascaras. Y no solo estuvimos desnudos. Estábamos en el otro como el complemento perfecto. Ahí donde se encona el fuego y el ardor de un nuevo comienzo ahí nadamos hasta que el ultimo exalar de pasión nos devuelva a las sabanas donde aun, me complementabas.
Al final caí yo. Y seguro también cayó tu yo. Dejándonos marcados pero desvaneciéndose en un sueño que aun confundo conmigo, con vos o con algún otro momento que al final de todo... también cayó.

martes, 21 de mayo de 2013

Tetris: La banda sonora definitiva de la ciudad de Rosario

Si. Es un poco fuerte el titulo de la nota. Pero no por eso deja de ser real.
Veníamos escuchando TETRIS antes de algunas bandas la mayoría de las veces. Hasta que un día me encuentro a fer por calle moreno y me dice "Boludo, el viernes no te cuelgues que presentamos la peli y el disco", naturalmente lo primero que le pregunto "que peli???", a lo que me contesta "la que grabamos mientras grabábamos el Disco!!!". Cierto. Hacia un montón de tiempo estaban grabando el disco en varios lugares y en varios momentos del proceso, fer me iba contando en que andaban. A todo esto parece que Alejandro Nannini ( ya conocido por su gran laburo gráfico de diseño y video con los ChicosVaca) iba retratando este proceso.
Entonces uno va a ver una especie de "documental" sobre una banda. Piensa que va a ser por momentos gracioso, que ellos van a hablar, que por ahí vamos a intimar con los músicos y escuchar un adelanto del disco. Espectativas normales. El tema es que el disco-video no era sobre Tetris. Tetris era la banda de sonido de Rosario. Y si de otros lugares también pero en mi apreciación fue Rosario. Obviamente hay que remarcar el trabajo de Alejandro para captar lo que Tetris no dice en palabras.
Tetris dice en música. Y como dice!!!. Salí esa noche después de la presentación intima al lado del cine,en un bar emblemático de Rosario y me quede con esas melodías en la cabeza. Por que Tetris es todo melodía, la trompeta, la guitarra, el bajo, las teclas invitadas y hasta la batería... son melodía. Entonces caminaba al bar a encontrarme con los muchachos, a eso de las 23 hs cuando la madrugada nos va cantando algo y, Rosario dormida aun, esa sensación de estar en la cresta de la ola pero con la calma de un sábado a la noche que aun no comenzó en el centro de Rosario.
Esa semana no pude esperar, compre el disco en la perroteca, acá cerca del laburo. Lo escucho. Una y otra vez. Salgo del trabajo. Mediodía, pero la verdad, eran las 23 hs de la noche en la ciudad de Rosario. Tabla y a dar vueltas por la ciudad. Me acordaba del Disco-Video y de las imágenes que se impregnaron; y ahí estaban, por todos lados surcando y delineando la Rosario de Fontanarrosa, de Central y Newells, de la icónica Trova, una Rosario que se expande en turismo y en altura con edificios y paseos nuevos. Ahí estaba Tetris enmarcando las horas que se nos escapan quizás por estar cansados, por el ritmo diario que se va perdiendo entre deberes, ahí están haciéndole justicia a los atardeceres en un bar, a los amaneceres cerca del río, a los medio días, a los amores, y al misterio que nos dejo una calle de empedrados rústicos.
Son sofisticados. Con un sonido impecable. Ajustados hasta el hartazgo. Apreciaciones que son mínimas ante las descripciones y el juego de imagenes y sensaciones que generan las melodías. Puedo repetir? LAS MELODÍAS!!!.
Con este disco uno se puede enamorar tomando una copa de vino con alguna mujer, puede ponerlo para distenderse mientras se sale a caminar o a correr, fondo musical para bajar tensiones en el laburo, cena con amigos... Este disco es 4x4.
Tetris ha terminado de definir lo que pocos supieron decir con música de lo que es Rosario. REC, PLAY,STOP es audaz, es temerario. En la ciudad de Fito, del Negro, del Che si se quiere... una Ciudad tan literal!!! tener los huevos de embarcarse en un proyecto sin voz es algo que no muchos pudieron permitirse... pero repito... Tetris dice en música, mas que cualquier otra banda o conjunto musical que yo conozca.
El disco lo tuve que regalar. A mas de uno lo dejo boquiabierto y con ganas de mas, así que le dije "toma quedatelo... yo me compro otro". Por que no estamos acostumbrados a esto... pero a mi me quedo esa sensacion descomunal de comunión entre las imagenes y las melodías.. eso que no me puedo sacar de la cabeza; que me sugestiona...
El sábado me encontré con fer festejando los 10 años de Chicosvaca y entre otras cosas le dije q el disco me había encantado y que me daba ganas de escribir algo pero no quería quedar como un boludo... "estaría buenísimo que escribas algo antes del viernes" me dijo. Pero sobran las palabras; Tetris lo sabe bien. Supongo que a mi me falta mucho para poder hablar también como habla Tetris en música... por ahora me limito a poner PLAY... y dejar que corra...

jueves, 16 de mayo de 2013

Oculto

Nunca fui un entusiasta de la luz. Eso esta mas que claro. Siempre preferí mantenerme en las sombras, salvo, cuando elegía estar en un escenario donde la sombra bailaba por dentro. Pero esto es otra cosa, esto es como un juego doloroso y silencioso que se vuelve a ensanchar mucho tiempo después. Sin embargo hay una complicidad conmigo mismo. No me lo quiero decir diciendomelo. Pero bajito. Me susurro al oído que esto lo elijo por que me excita. Por que todo lo que sentía perdido quizás vuelva a reflotar y como un naufrago que encuentra una excusa para salir de la isla me voy a naufragar.
Y naufrago por sensaciones olvidadas, que hago reflotar. Para que? para darme ánimos. Para querer creer que lo que alguna vez sentí en verdad existe y que el mundo no se devoro todo lo que quedaba del hombre. Para creer que las mascaras que usamos a diario todavía pueden caer para darle espacio a la risa autentica, a la lágrima autentica, a la sangre autentica que aun corre por estas venas.
Ahí mismo recordar. Recordar, como alguna vez he dicho, para fundamentar nuestra existencia; allá y acá. Tumultuosos pero profundos los recuerdos se alzan como las velas de un barco que encallo durante largos años y que ahora vuelve a navegar hacia costas olvidadas.
Pero por que a ella? Por que escribirle sin que sepa que le escribo? Por que escribirle desde las sombras que tanto bien me hacen?. Otra vez oculto por miedo? no, esta vez no. Es respeto. Respeto al tiempo y a los Dioses Interiores que opinan que esto solo es un espejismo del oasis que te gustaría que fuera. Del oasis que seria hermoso!!! si!!!. Un oasis donde calmar la sed, donde recostarme a la sombra. Donde recostarme con ella. En una cama vieja. En un altillo. En sótano. En un balcón. En la terraza. Donde sea. Poco después la noche y el silencio y seguir mirando el cielo como si no existiese el tiempo, como si nunca nos hubiésemos encontrado con el mundo abofeteándonos la cara, como si nunca nos hubiésemos abofeteado la cara, como si solo aquel momento, que es el barco que ha avistado tierra, se hubiese detenido y nada hubiese sido de los años, del tiempo, del espacio, y de todos los factores que son excusas que alimentan estas ganas de no hacer nada por respeto. Y un poco por intuición. Si... o es de lo que quiero convencerme. Es que es tan difícil ser sincero con uno mismo. Uno está a la deriva, en alta mar en una balsa muerto de hambre y nunca piensa que un barco mercante quizás lo va a rescatar... pero esta dentro de las posibilidades... y entonces lo piensa. Entonces la contradicción se vuelve algo tan nuestro y tan amable que lo dejamos ahí.
Así. Igual. Te dejo ahí. Mientras yo me mantengo oculto de la luz de tu amor. Por que siempre... me gustaron las sombras.

miércoles, 15 de mayo de 2013

En 15 minutos...

En 15 minutos puedo escuchar, 3 temas largos... mientras como. Hoy puedo ponerme a escribir lo que puedo hacer en 15 minutos. 15 minutos es lo que me toma decirte las cosas que siento. Solo 15 minutos. Pero me callo. Puede que ese silencio siembre frialdad, o libertad. O alguna otra cosa que te haga cambiar en 15 minutos.
15 minutos es el entretiempo de mi corazón. 15 minutos bastan para saber que ya no me pertenezco, que me nublo como el día de hoy, como los soles que van y vienen y que esos espacios brillantes no duran ni 15 minutos.
15 minutos para pensar por que los que están en el cielo no vendrán acá a la tierra y por que no se van quien sabe donde los que nos hacen tanto mal. Los que nos quitan mas de una sonrisa en unos pocos 15 minutos. A esos también les escribo. Les digo que les va a costar mas de 15 minutos borrar lo que llevo en el pecho. Por que esta libertad me tomo ganarla mucho mas que 15 minutos pero quedara impregnada en el dolor mucho mas de 15 minutos.
15 minutos bastan para enamorarte. Si. Quiero creeme eso. Quiero volver a sentir lo que sentí aquella vez... en mucho menos de 15 minutos. Quiero poder perderme en los cielos concéntricos de un Borges que dejo mas de 15 minutos de amor en mi pecho. 15 minutos bastan para conocerte. Todo lo demás es Silencio y es eterno. Después son las canciones que escuchamos, 3 o 4... 15 minutos de música y caricias que bastan para saber que ese es el único lugar en el mundo donde queres morir.
15 minutos pareció durar el beso que te di cuando me iba unos días a un viaje del cual nunca volví. 15 minutos me llevo entender que te perdí y lo demás fue un dolor que se angostó con el silencio.
Ahora solo yo conmigo y mis 15 minutos. Estos 15 minutos que decidí hacer mios. Pero que no lo son más. Que ya pasaron. Aunque ahora quede el recuerdo de cuando un medio día tuve 15 minutos para escribir lo que sentía aunque fuera un mar de asimétricas emociones, aunque fuera como un vómito emulando un crecimiento.
15 minutos que fueron 7 y después 5 o 2... y ahora es este ultimo minuto donde casi como un réquiem lo dejo resbalarse otra vez lejos de mi... como todo lo que destinamos al tiempo.

jueves, 9 de mayo de 2013

De noche...


Hoy me acordaba algo que lo escuche decir al gordo WALAS en una entrevista acerca de como los músicos experimentaban la música con el paso del tiempo y sentí realmente que no estaba de acuerdo. Es jodido disentir con un chabon que me genera un respeto tremendo y sobre todo con respecto a su concepción del Rock, Punk y la música en general. Lo que propone es algo así como que luego de mucha escucha, de muchos estudios, y muchos shows uno no puede simplemente ir a ver una banda y no pensar en como suenan y cosas técnicas por el estilo... debo admitir que en ese punto tuve el mismo miedo de perder la pasión que Walas explica junto con esta descripción de lo que siente.

Entonces me pasa esto de encontrarme con una banda que canta cosas que me pasan. Como? si, cantan cosas que me pasan. Cosas que vivo. Cosas que voy sintiendo en esta edad que parece traer las ultimas olas a esta costa de la adolescencia que se perdió. Pero allá como un tesoro, viven las cosas como con una conciencia intensa, totalmente empírica de lo que otrora fue ideal.

Así, como dice Walas, "a esta edad es cuando comienzan, a seducirnos las sombras". Y en ese juego, me despierto día a día. Y con la claridad la luz y las mascaras reveladas ( por que cuando somos mas que cuando somos de noche?), viene la ansiedad y a veces hasta la paranoia de sentirme expuesto.

Ahí medio atolondrado busco en el S2 los temas que me hacen bien y recaigo en el tema numero 09 del ultimo disco de los Chicosvaca. Entonces pienso que antes hubiese necesitado temas mas fuertes, mas complejos, mas rebuscados si se quiere para sentir lo que ahora me producen temas como este... y que me producen?... uno siente q en esa voragine de titiriteros rabiosos, hay ciertas bandas que le cantan a lo cerca... y eso nos acerca; y ahí en ese punto, es donde nos encontramos los que estamos solos... perdón... todos estamos solos... ahí nos encontramos los que sabemos que estamos solos. La pertenencia no cuarta la soledad pero la comparte.

Entonces me refresco. Donde escucho una voz gritar saber que "cuando es de noche somos DIOSES"... en ese momento, el día, se vuelve una excusa, una mascarada que nos lleva una vez mas a la mejor vida de todas... La vida de noche.




viernes, 3 de mayo de 2013

Beto ( otra genialidad del Negro Fontanarrosa )


Roque llegó más temprano que de costumbre. Incluso le mangueó el diario a Sandroantes de entrar, para darle una ojeada a las noticias, de las cuales solo había leído los titulares, por la mañana. Sin embargo, cuando se encaminó hacia la mesa ya lo vio, allí, a Beto solo, cabizbajo quizás, reconcentrado, con un pocillo de café vacío, frente suyo.
—¿Qué haces? —dijo Roque, sentándose en la cabecera y abandonando el diario para mejor ocasión, sobre una silla vacía.
—Bien... —contestó, mustio, Beto— Bah...
Qué sé yo.Roque dejó pasar esta última consideración, aunque creyó percibir que la voz de su amigo estaba uno o dos tonos por debajo de lo normal. Optó por verificar —las manos en los bolsillos, levemente recostado sobre el respaldo de la silla— quiénes estaban y quiénes no estaban a esa hora relativamente temprana en el boliche.
—¿Bien? —reiteró la pregunta, como para decir algo, como para anunciar que, ahora sí,se hallaba presto para el diálogo. O quizás para chequear el estado de ánimo del Betito, sobre el cual le había quedado esa sombra de sospecha.
—Bien —suspiró Beto— Bah... —agregó luego— Bien para la mierda.
—¿Qué pasó?- Beto miró un momento hacia el techo y frunció la cara. Pareció animarse.
—Nada... Problemas... Algún quilombo que uno tiene...
—Pero... ¿qué?... —arriesgó Roque, temeroso de invadir propiedades ajenas —¿Te pasó algo?... ¿O algo que se pueda contar, al menos?Beto se rió, o bien dejó escapar aire, dando la idea de que se había reído.
—Deja —dijo— Qué sé yo... Vos viste como son las cosas...
Roque entendió que, pese al "dejá" un tanto imperativo, el resto de la frase mantenía abierta una puerta como para ingresar a la requisitoria.
—¿Tu viejo? ¿Seguís con el problema de tu viejo?
—¿Mi viejo? ¡No! Mi viejo está fenómeno.
—Pero... Había tenido algún problema, me habías dicho que estuvo jodido en un momento...- Tan concentrados estaban ambos en el escarceo previo a la conversación, que no advirtieron, hasta que prácticamente estuvo junto a ellos, la llegada de Aldo.
- ¿Que talco? —inquirió Aldo, sentándose, y con una entonación cantarina. Sin duda, no había detectado el clima un tanto severo que campeaba en la mesa, lo meduloso y ligeramente tenso de la charla entre Roque y Beto. Pero, sin embargo, estaba en su derecho. Nunca, en "La mesa de los galanes", se trataban temas importantes o personales. Para eso estaban las otras mesas, periféricas, para que las dos o más personas que quisieran dirimir conflictos o negocios de orden privado se trasladaran a ellas, sin alterar la grata vaguedad de la tertulia, ni introducir un motivo de tensión o profundidad metafísica en la sabia pelotudez de las discusiones cotidianas. De todos modos, Aldo, pese a la mínima seriedad de su saludo, se abismó de inmediato en sus cavilaciones y, toqueteándose obsesivamente el bigote, se quedó mirando hacia el ventanal que da a calle Santa Fe. Roque y el Beto apenas si lo saludaron. El Beto explicaba, ya, el asunto de su viejo.
—Estuvo jodido —había dicho— Casi parte el Mario. Venía pidiendo pista. Pero ahora anda fenómeno.
—El otro día fue a ver a Córdoba y todo. No... el viejo, diez puntos.
—Ah...Roque se quedó en silencio-. Ahora sí, parecía que Beto había dado por cerrado el diálogo, casi antes de comenzarlo. Estuvo a punto de dirigirse a Aldo, preguntarle algo, como para arrancarlo de su ensoñación de mirada perdida y del continuo alisarse del bigote, bajo la nariz. Entonces el Betito habló.
—Marta —dijo— El quilombo es con Marta.
—¿Qué pasó? —exageró alarmarse Roque. Incluso Aldo abandonó su actitud contemplativa, girando la cabeza hacia Beto, estudiándolo.
—Roja —sintetizó Beto.
—¿Tarjeta roja? - Beto asintió con la cabeza.
—Me sacó la roja.
—¿Y había habido amarillas antes?-
—¡Uh! —Beto gesticuló sin alegría—. ¡Sabes cuántas había habido!-
Roque se mantuvo un instante callado. Era notorio que su amigo estaba jodido de veras. Incluso Aldo miraba, ahora, fijamente el cuello de la camisa de Beto, como si hubiese descubierto allí un mensaje indescifrable.
—Bueno... —tanteó Roque— Pero... Vos viste como son las mujeres. Estos quilombos,en las parejas, son comunes. Vos me dijiste que dos por tres tenían un bolonqui parecido...-
—Sí. Pero éste no. Éste es definitivo. Terminal... En fin... —se reincorporó de golpe Beto, pegando una palmada en la mesa como tratando de darse ánimo—.
-Ya está... Qué se leva a hacer... Desde anoche soy un desocupado más... Habrá que empezar una vida nueva...
-Beto se encogió de hombros. Esta vez, sí, la cosa parecía cerrarse por voluntad del propio interesado.
—Es así —dijo— Estas cosas son así...
—Es que yo venía haciendo muchas cagadas, Roque —Beto retomó, de repente, el tono austero y coloquial, cruzándose de brazos sobre la mesa
— Muchas cagadas...
—¿Cómo qué... por ejemplo?
—Borrarme, desaparecer, no pintar ni ahí por varios días... Boludeces ¿viste?
—Pero... ¿ustedes estaban viviendo juntos?—
Y... —calculó Beto— Digamos que sí. Prácticamente sí. Hace ya casi siete meses que yo me había instalado en la casa de Marta.
—¡Siete meses! —se asombró Roque.
—Si no más, si no más...
—Ahí la cosa cambia...
—Ahí la cosa cambia porque, cuando vos empezás a salir y, por ahí, cada tanto, te quedás a apoliyar en lo de la mina, bueno, más o menos, uno no entabla un compromiso de verse siempre. O de quedarse a apoliyar todas las noches...
—Ahí la cagaste, Burt Lancaster.
—Porque uno es un boludo, un boludo de cuarta. Y comete ese error. Primero te quedás a apoliyar una noche y después te pirás. Vos mismo te ponés el límite. "Bueno, me quedo esta noche, pero después me piro, cosa de que esta mina no se piense de que uno viene al pie todos los días". Pero...
—Pero...
—La de siempre. Vos decís "Me voy a quedar una noche por semana", pongamos. O dos, siendo generosos. Pero... ¿qué pasa? Vos te dejás las otras fechas libres con toda la mala intención de engancharte una minita de vez en cuando. Y alternar.
—Y alternar...
—Pero la única verdad es la realidad, decía el General. Y la realidad es que, la mayoría de las veces, la mayoría de los días, no hay minita, ni enganche, ni las pelotas. Y terminás a la noche volviendo solo a tu departamento, que para colmo es una cagada de departamento—comprándote un cuarto de pollo en la rotisería...
—Si no te salvan las salchichas de Viena... — acotó Roque.
—Si no te salvan las salchichas de Viena, viendo televisión blanco y negro solo como un boludo... Y entonces te vas a lo de tu mina. Vas una noche, vas a la noche siguiente...
—Y ya se crea el compromiso...
—Tácito. No hablado. Pero compromiso al fin. Lo que pasa es que uno se hace el boludo y cree, por ahí, que zafa. Y desaparece. Te haces el gil, no decís nada, y no aportas por dos otres días...
—Que fue lo que hiciste vos.
—Aunque en este caso sí, hubo una mina. Una loca ,una reventada, pero, ¿viste?... Uno se enfiesta y... La cuestión que aterricé anoche, ya viéndome venir la maroma y... ¡La cara que tenía la Marta! ....
El discurso de Betito se ensombreció. Por un momento pareció que no iba a seguir.Luego continuó, en un tono aun más bajo y pausado.
—Se ve que me había estado esperando, pobre, levantada... Eran como las tres de la matina... Se había tomado un par de Lexotanil... Le quise explicar... Le quise armar un verso...Pero... ¿sabes qué? Me mandó a la recalcada concha de mi madre. Se hizo un silencio. Ahí irrumpió Aldo, muy serio, casi respetuoso.
—¿No será que te ama y no sabe expresarlo?
Roque lo miró fijo, crucificándolo. No eran momentos para jodas.
—Y bueno —volvió a suspirar Beto, como si no hubiese escuchado a Aldo—. Así es la cosa...
—Por ahí se recompone Beto —procuró alentarlo Roque—. Deja pasar unos días y...
—No, no... Esta vez va en serio... Vos te das cuenta cuando la cosa va en serio...
El Negro Moreyra pasó junto a la mesa v dejó un par de cortados. Aldo le pidió un mate. Había vuelto a desentenderse del asunto.
—Y bueno, viejo... —se animo Roque—. Enfocale desde otro punto de vista. Borrón y cuenta nueva. Ahora vas a tener todo el tiempo del mundo para las otras minas ¿No hacía tiempo que vos andabas dándole vueltas a osa otra, la flaca... Ésa que...
—¿Cuál?—se interesó Beto.
—Esa que me decías que estaba buenísima... la amiga de Lucy... la que enseña pintura...
—Ah... La Sonia. Pero no es amiga de Lucy. Es amiga de Malena.
—Esa ¿No era que querías salir con esa? Bueno, ahí tenés...Beto inclinó la cabeza, compungido.
—¿No me decías que no tenías tiempo para hacer una mano con ella?—insistió Roque—¿Qué era una mina con la que había quo ponerse de novio y esas cosas?
—Sí —acordó Beto, su tono de voz cada vez más inaudible—. No es de las que te vas a encamar un par de horas al mediodía, o a hacerte un siestero. A ésa la tenés que llevar a cenar. Y a algún lugar no demasiado escondido. Y algún regalito también... En fin, todos los chiches. No es la Chunchuna.
—Pero está buenísima, me decías. Beto torció la cabeza, mordiéndose una uña.
—Sí —musitó.
—Y bueno —reafirmó Roque, contento de haberle encontrado a su amigo una hipótesis de conflicto.Se quedaron en silencio, revolviendo morosamente los cortados Moreyra llegó con el mate para Aldo.
—Acá, al amigo —le encomendó Aldo, serio—. Después traele una "lágrima".
Roque volvió a mirarlo, admonitorio. Pero Aldo le esquivó la mirada y tornó a su ensimismamiento contemplativo
—¿Por qué no te abocás a eso? —la siguió Roque, para agregar, poco original— A rey muerto, rey puesto. Beto pegaba con la cucharita en el fondo del pocillo como si fuese un pequeño mortero.
—¿Sabes qué pasa? ¿Sabes qué pasa? —dijo después— Parece mentira, pero... Estoy hecho mierda. Hecho mierda estoy.
Y era cierto. Roque nunca lo había visto así. Debía estar muy seriamente hecho mierda para verse movido a reconocerlo, él, tan orgulloso. Y, además, decirlo frente al Aldo, con quien, si bien había cierto conocimiento, no había una amistad ni una confianza profunda.
-Pasa eso... —articuló Roque, solemne— Uno nunca sabe cuánto puede llegar a dolerle...
—Es lo que siempre decía la gata Flora— terció, de nuevo, escueto.
Aldo, ajeno a la densidad del momento. Roque sintió una sofocación a la altura del cuello. Beto, no obstante,parecía no haber registrado la desafortunada intervención.
—Cuánto puede llegar a dolerte —ayudó Roque, intentando demostrarle al Aldo con su reiteración que había estado mal—.
-Antes de la separación, decís vos... Antes de cualquier separación...
—Es un desgarramiento... —acordó Beto.
—Mira Checoeslovaquia —apuntó Aldo.
—Yo pensaba... —dada su situación extrema Beto no temía al ridículo
—Mirá las cosas que a uno se le ocurren. O las comparaciones boludas que hace. Yo me acordaba que, una vez,en la casa de mi vieja, en el fondo, había una planta, un... qué sé yo... un arbusto. Grande, es una planta que da una florcita blanca, muy linda... pero que se había hecho enorme... Y, la verdad, es que daba esas florcitas...
—Corona de novia... —dijo Roque.
—No le hables de novia... —masculló Aldo, mirando hacía otra parte.
—Sería eso. Pero daba esas florcitas solamente durante una semana al año. Ahí sí, ahí se ponía lindísima, quedaba blanca, blanca. Pero, el resto del tiempo, no servía para una mierda, era una cagada. Y estaba justo justo en medio del jardín. Y un día mi vieja dijo"Saquémosla, saquemos esta porquería porque nos quita mucho espacio". Sinceramente,cuando la plantaron nadie se imaginó que iba a crecer tanto. La cuestión es que la sacamos.Vino un vecino amigo que era medio jardinero y la sacó a la mierda ¡Y no sabés el espacio
enorme que quedó vacío! Fue increíble. Yo nunca hubiese podido imaginar, o calcular, que ibaa quedar tanto espacio vacío. El jardincito parecía enorme...
Roque lo miró con atención, esperando la metáfora.
—Y eso es lo que pasa con estas relaciones, estas relaciones afectivas —cumplimentó Beto— Vos, por ahí, en algún momento, considerando que hacés algunas travesuras, tenés en claro que puede llegar el momento en que te peguen un voleo en el culo. Y tratás de adivinar cómo te vas a sentir cuando eso ocurra...
—Cómo te vas a sentar. Cómo te vas a sentar — dijo Aldo. Roque se echó hacia atrás,como si le hubiesen palmeado la frente. Y aprovechó que Beto estaba aún con la cabeza gacha, para hacerle un gesto al Aldo, solicitándole —con las palmas de las manos hacia arriba— comprensión, y quizás piedad, para el amigo vencido Aldo, esta vez sí, aprobó un par de veces, veloz, con la cabeza, admitiendo que se había extralimitado. Roque sabía que Aldo era un humorista compulsivo, que muy difícilmente lograba reprimirse.
—...pero es imposible dimensionarlo —Beto meneaba sin embargo su cabeza, como sino hubiese oído la acotación extemporánea—. Imposible. Te quedás sin un punto de referencia importante.
—Totalmente —asintió Roque—. Son experiencias intransferibles. Como si uno quisiera llegar a calcular cuánto puede llegar a dolerle pegarse un martillazo en los dedos... —advirtióen un pantallazo que Aldo estaba por decir algo. Pero lo vio contenerse, tal vez, ante sumirada—. Alguien puede venir y decirte "Te voy a pegar un martillazo en los dedos" pero nadie puede transmitirte cuánto puede llegar a dolerte...
—No... No... —pareció decir para sí mismo Beto—. Por ahora me voy a olvidar lo de Sonia o cualquier cosa de ese tipo...
—Ah, si es un tipo ya es más grave... —tiró como un flechazo el Aldo.
—Me parece que lo que voy a hacer... —siguió Beto— ... es tomármelas unos días a otra parte. Hoy a la mañana me encontré con el Belga y me dijo que se iba para General Roca.Es menos de una semana. Me voy a la mierda y me limpio el bocho. Me alejo un poco...¿viste? Roque dudó.
—Va en el auto. Allá tiene donde parar —siguió Beto.
—Sí —intercaló Aldo—. Más vale que pare porque después ya está el Estrecho de Magallanes.
—Es un viaje de la gran puta— marcó Roque. Beto se encogió de hombros
—. Y mira...yo no sé... Es tu decisión, después de todo... Pero, uno se va con el problema. No lo dejas acá.Uno va con uno y no hay remedio. Te digo porque acá, bueno, al menos tenés los amigos, una oreja para que te escuche...
—Háblele más fuerte que es sordo —recreó Aldo el final del viejo chiste.
—No sé, Beto, siempre la ciudad un poco te defiende.
—Ya sé, Roque, ya sé. No te creas que es la primera vez que me pasa un quilombo como éste...
—Te digo, porque yo me rajé a Porto Alegre cuando aquel despelote con Georgina, y a los dos días ya me quería volver. Andaba llorando por los rincones.
-Mira si ibas a Porto Triste —otra vez Aldo.
—Ya sé, Roque, ya sé. Pero acordate que yo voy con el Belga. No voy solo. Por lo menos cambio de aire. Y no es tan fácil que me agarre la tentación de cazar el teléfono y....
—Claro, llamarla a Marta...
—Claro. Al menos dejar por ahora que las cosas se enfríen...Beto se puso de pie imprevistamente y se alejó hacia el baño. Roque aprovechó la volada, en alas de la sofocación que todavía sentía.
- Aldo- le dijo—. No seas hijo de puta. Date cuenta que este tipo está hecho mierda.La mina acaba de pegarle una patada en el orto y a vos lo único que se te ocurre es hacer chistes. Chistes pelotudos para colmo.
—Sí. Sí, perdona —admitió el Aldo—. Pero, me la dejan picando. Y además, cuando lo vi tan caído quise levantarle el ánimo...
—¿Qué "levantarle el ánimo", querido? Tenés que tener más sentido de la oportunidad...
—¿No leíste...?
—El otro está hecho percha y vos jodiendo.
—¿No leíste "La risa remedio infalible"? ¿Te acordás, en el "Selecciones"?
—Cortala, viejo.
Betito había vuelto a sentarse. Al parecer se había lavado la cara.
—Esta noche me voy a ir al boliche del Pitu — anunció.
—Ojo con los copetines, Beto —Roque le puso una mano sobre el brazo, procurando no resaltar demasiado paternal.
—Dejá. Dejá —desestimó Beto—. Me coloco con un par de whiskis, algún champú. Así por lo menos esta noche me puedo dormir. Anoche no pegué un ojo.
—¿Seguís con el negocio de las muñecas? —pregunto, críptico, Aldo. Roque lo miró para fulminarlo
— Perdón, perdón... —se excusó Aldo.
—No. Si yo no soy de chuparme... —calmó Beto.
—Si pega ojos... —Aldo procuró explicar ante la mirada llameante de Roque— hará muñecas... digo yo. Está bien. Ya pasó. Ya paso.
—Mira que si tenés que manejar —optó por continuar Roque—. ¿Cuándo se van con el Belga?-
-Mañana. Mañana temprano. Pero que maneje él. Yo apoliyo. Además, el Belga no teda el volante ni que se cague...
Roque advirtió que Aldo estaba tentado de decir algo. Pero luego juzgó prudente callar. A la mañana siguiente, sábado, Roque aterrizó casi cerca del mediodía en El Cairo. Otra vez, antes de entrar, le mangueó el diario a Sandro, dispuesto a leerlo mientras tomaba el desayuno. Fue cuando lo encontró a Willy que pasaba, con su pibe, rumbo a calle Córdoba.Willi le contó que, la noche anterior, en lo del Pitu, el Beto se había levantado un pedo descomunal, como para quince personas. Que se lo habían tenido que llevar entre cuatro. Que había bailado hasta la madrugada. Que había reído e incluso llorado, en algunas de las cimas de su extravío. Que cuando él, Willi, se fue, Beto estaba parado arriba de una mesa, cantando una canción melancólica en francés. Roque dijo "Mirá vos'", meneó la cabeza, despidió a Willi que continuaba su camino y se metió en el boliche. Y allí, en la Mesa de los Galanes, sentado ala cabecera, igual que la tarde anterior, estaba el Beto. No bien lo vio entrar, levantó un brazo en alto en un saludo triunfal. Roque temió que siguiera en pedo. Pero se lo veía impecable,como siempre. Como recién bañado. Algo pálido tal vez, pero hasta perfumado. Cuando Roque se sentó a su lado, Beto le pegó una palmada ampulosa en el hombro y no quitó la mano de allí.
—¿Qué hacés Beto? —se rió Roque— ¿No te ibas a Roca con el Belga?
—Roque... —anunció Beto—. Triunfo. Triunfo total...
—¿Qué es eso? ¿De qué carajo me hablás?
—Anoche...—Ya me dijeron. Te agarraste un pedo de novela. Ya sé todo ¿Qué pasó? ¿Te enganchaste a la Sonia en lo del Pitu? ¿O estaba la otra, la grandota?Beto negó con la cabeza, los ojos cerrados, la sonrisa ancha.
—Nada de eso. Nada de eso, mi viejo, ahora estoy en otra...
—¿Que pasó?—Me arreglé con Martita.
Roque se quedó mudo mirándolo
—No jodas —dijo al fin.
Recién entonces Beto quitó su mano del hombro del amigo
—Así es, mi viejo. La Marta me perdonó. Creo que el pedo que me alcé en lo del Pitu me animó a ir a hablarle. Fui, puse la cara, traté de recomponer más o menos el asunto.Explicarle no, porque... ¿qué mierda le iba a explicar? Perú le dije lo que yo sentía por ella,como me había sentido después de que ella me largó de culo . En fin. Todo eso...
—Arriaste alguna bandera, supongo. Alguna concesión hiciste..
—Todas Roque. Si es por arriar, arrié todas las banderas. Negocié algo. Con lo poco que tenia para negociar, negocié...
—Dormir todas las noches ahí —enumeró Roque—. No desaparecer a la primera de cambio...
—Usted lo ha dicho. Usted lo ha dicho..
—Pero... bien, Beto. Bien, no se puede tener todo.
—Bien... La verdad, estoy contento. Me había golpeado mucho el asunto...
Como obedeciendo a un conjuro ineludible, no llegó a la mesa en ese momento ni Ricardo, ni el Sobo, ni el Turco, sino, una vez más, el Aldo
—¿Puedo? —consultó, cauto, antes de sentarse. Roque le señaló la silla con el mentón,permitiendo.
—¿Qué hacés Aldo? —le dijo Beto. Luego, sin esperar respuesta, siguió con Roque.
 — Tenés una tarjeta? –
 — ¿Una tarjeta?
 —Para el teléfono.
 Roque empezó a buscar en los bolsillos internos del saco.
 — ¿Qué hacés, boludo?—preguntó en tanto, risueño, Beto al Aldo—. Hace mucho que no aportás por acá. Ya te estaba extrañando.
 — ¿Mucho...? --atinó a decir el Aldo, pero ya Roque le extendía una tarjeta al Beto.
 —¿La vas, a llamar a Marta? —preguntó Roque mientras Beto se paraba.
 — Eso se llama marcar tarjeta —se atrevió Aldo, en un hilo de voz
 — No, querido- contestó Beto a Roque— La voy a llamar a esta mina de la que hablábamos anoche. A la Sonia. Roque lo miró, un tanto desconcertado.
 —Ahora estoy bien-agregó Beto—. Estoy tranquilo. Estoy de ánimo. No iba a salir con la Sonia si me da pelota, estando destrozado.
 Se fue hacia el teléfono. Antes de llegar giró y le gritó al Aldo. señalándole a Roque.
 -Contale un chiste, Aldo. Entretenelo mientras yo vuelvo.
 Roque extendió los dos brazos sobre la mesa.
 -Contame un chiste,Aldo -pidió al fin.